Con un eterno pitillo entre sus labios, Ty Wade, contempla la vida pasar en su rancho de Tejas. Es un hombre rudo, poco agraciado y muy cínico con los mujeres. Salvo una herencia a medias no tiene mucho en común con su hermano pequeño. Bruce se bebe la vida a sorbos y es egoísta y superficial.
La super modelo Erin Scott está pasando unos días en Staghorn Ranch, propiedad de los hermanos Wade. Su belleza legendaria ocupa portadas de brillantes colores. Su interior no tiene nada que ver con la imagen que proyecta ante el mundo: es sencilla y muy dulce. Desde el primer momento en el que tropieza con Ty, el cielo se llena de fuegos artificiales. Sienten una intensa atracción capaz de derribar cualquier barrera, ya sean, los miedos de Ty inculcados por su particular padre o las mentiras que Bruce susurra en sus oídos.
Ty intenta resistirse, en vano, a esta bruja de ojos verdes. Cree que es la chica de su hermano y no quiere inmiscuirse. Nada es lo que parece porque para Erin, Bruce no es más que un amigo. Cuando por fin se dejan llevar, empiezan a desfilar las desgracias: el accidente de Bruce, el de Erin, la amargura de Ty y su incapacidad para hacer frente a la nueva situación provocan una fractura en su relación. Erin ve como su carrera como modelo está arruinada. Las cicatrices surcan su cuerpo y su cadera ya no es lo que era. Debe hacerse cargo de la mitad del rancho, pero para ello tiene que volver junto a Tyson y enfrentar sus demonios interiores...
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